domingo, 14 de abril de 2013

La ausencia de democracia y su antítesis: la monarquía

Emilio J. García "Milos G."


Asamblea del Soviet de Petrogrado. Un ejemplo de

Democracia Obrera
Creo que hay que tener algún tipo de complejo personal muy fuerte para aceptar que una persona y su familia pertenecen a una especie de categoría superior que les debe otorgar privilegios del medioevo tales como la impunidad ante la ley o heredar la representación de un Estado por "derecho de sangre", cargo que debería ser elegido y revocado por el pueblo dada su relevancia e importancia política.

Así, el debate no es solo si debemos aceptar la gestión oscura, opaca, fraudulenta y mafiosa de un rey (como la del "borbón", que debería rechazarse de pleno), sino si cualquier español puede tener algún día la posibilidad de representarnos si así la mayoría lo decide, y dejar de hacerlo si así la mayoría vuelve a decidirlo.


Nuestros problemas como país no vienen de que haya democracia, sino precisamente de que la gente no decide y no vota nada de lo que se hace en el país (es decir, de que no hay democracia), de lo contrario no existirían los recortes sociales ideológicos, los paraísos fiscales donde se evaden cada año lo suficiente como para dejar España en superávit de cuentas públicas, los desahucios, ni la pérdida de derechos sociales y laborales, porque la mayoría de la población es trabajadora y en las medidas concretas siempre votaría a favor de sus intereses; no ocurre así con este tipo de sistema de poder (dicen que democrático) que tiende a la máxima abstracción para que no se voten no solo medidas concretas, sino ni siquiera un programa o unas promesas electorales, ya lo único que se vota es una marca, una imagen, una alternancia (que no una alternativa), una bagatela.

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